El niño y su abuelo

Tenía la mano fría. Áspera. La piel agrietada y desagradable al tacto. Sin embargo no apartó sus dedos, si no que los abrió y cogió su mano enteramente bajo la suya.

El abuelo seguía en cama, dormido, mientras su nieto aprovechaba para jugar, curioso, con sus dedos.

Su madre se asomó por la puerta del dormitorio. Sal de ahí, no despiertes al abuelo. La madre no tenía ni idea de los planes de su hijo, por eso su mayor preocupación era que no despertase a su abuelo.

El niño lo dejó descansar. Se alejó hasta el dintel de la puerta y se volvió para ver a su abuelo por última vez. Adiós abuelo, te echaré mucho de menos.

Cogió una mochila de su cuarto y salió de casa saltando por una pequeña ventana sin que su madre se diera cuenta.

Nunca más volvería a verlos.

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