En sintonía

Y llegó la noche. Ni se dieron cuenta. Olvidaron mirar por la ventana del pequeño salón mientras las cerverzas se iban acabando, el televisor empezaba con los tarots y la conversación continuaba sin parecer tener un final. Las palabras salían de sus bocas deseando ser escuchadas. No tenían miedo al rechazo ni a una palabra mal dicha porque los dos estaban en sintonía y eso era fantástico.

No habían encendido la luz del techo y aunque el televisor intentaba animarlos con una secuencia aleatoria de luces de colores, finalmente fue la luna, colándose entre dos altos edificios vecinos, quien les ayudó a verse aunque fuera en blanco y negro. Llegó un momento en que las cervezas se acabaron pero eso no importaba: llevaban horas haciendo el amor con las palabras y ahora lo harían sin ellas.

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