La primera cita

El parque estaba vacío. Todos los niños habían terminado de jugar y volvían a sus casas antes de que anocheciera. El sol se escondía entre los edificios que rodeaban el parque y sembraba el aire con una luz naranja que avecinaba una pronta oscuridad.

La joven permanecía inmóvil sentada en uno de los bancos que rodeaban el campo de baloncesto donde hasta hace unos minutos un grupo de chicos jugaban sin unas reglas demasiado claras. Ahora se habían ido, de camino a sus casas, y ella permanecía allí en silencio.

Cuando ya estaba a punto de marcharse apareció uno de los chicos que antes jugaba al baloncesto con los demás. Era uno de esos chicos en los que ella no se había fijado, y se sentó a su lado.

─ Hola.
─ Hola. ─Respondió ella sin mirarle. Pensó en que ya podía haber venido uno de los otros chicos guapos, en vez de él.

Él sacó una mano que hasta ese momento había permanecido oculta tras su espalda y le mostró una flor.

─ La encontré allí detrás. Pensé que te podía gustar.

Consiguió llamar su atención.

─ Muchas gracias. ─ Ahora si, mirando hacia él, con una media sonrisa en la boca y un sonrojo completo en la cara.  ─ Es muy bonita.
─ Pensé que te gustaría. Te he visto aquí antes, sola, y pensé que podría acompañarte hasta casa.

Ella se lo pensó. Al fin y al cabo, se acababan de conocer. No era el chico por el que había venido a este parque pero, con esta flor, se había ganado su simpatía.

─ Eso sería fantástico. ─Respondió al fin, mirándole a los ojos con una sonrisa.

Y lo que increíble es que ahora, 15 años después, los dos recuerden ese primer encuentro como si fuera ayer y cada año vuelvan a aquel banco por su aniversario.

 

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