El único

Todos los días iba a trabajar a su oficina. Una oficina de casi 200 metros cuadrados. Demasiado grande. no sé para qué necesito tanto espacio. Su mesa estaba en una esquina, al fondo de la oficina y casi al lado de una ventana que daba a un muro. Todos los días, al llegar, lo primero que hacía era encender el aire acondicionado. Allí trabajaba todo el día, haciendo una pequeña pausa para comer la comida que se había traído de casa, y seguía las mismas horas por la tarde delante de su ordenador, jugando a videojuegos (aprovechando que nadie le veía)  o leyendo una y otra vez las mismas páginas web.

En la calle no había nadie. Volvía a casa y comía algo antes de encender la TV y quedarse dormido en el sofá. El silencio de su casa, la soledad de las calles… era algo que ya le había consumido. Llegar a convertirse en el único era algo para lo que nadie estaba preparado. Y él tampoco. Abandonó hace tiempo. Permitió que la soledad se metiera en su interior y convirtiese su alma en depresión. Ahora, ya no luchaba por cambiar las cosas. Ya no luchaba por averiguar donde estaba toda la gente, sus amigos, su familia. Cuando desaparecieron los echó de menos al principio. Estarán ahí cuando les llamé, pensaba. Pero ya no le quedaba nadie. En la ventana solo golpeaba la lluvia y las calles, desiertas, carecían de sentido. Era la soledad, la peor de las soledades, quien le había consumido sus sentimientos.

En la calle era un desconocido más. Nunca saluda, decían los vecinos. El tendero del supermercado hacía tiempo que había desistido de intentar tener una conversción con él.  Sus más de 20 compañeros de trabajo silenciaban cuando pasaba a su lado. Ahí viene el raro, decían a su paso. Y cuando se marchaba, nadie le decía adios. Una vez que ya no estaba, las conversaciones sobre el fin de semana, el fútbol y la política volvían a la oficina.

En su casa los actores circulaban dentro de su TV. Ni les hacía caso. No era un más que una distracción para sus ojos, ya que su mente era incapaz de percibir ningún estímulo del exterior. Y como solo le quedaba su interior contaminado, lloró toda la noche, como todas las noches.

Ojalá no volviera a sentirme solo cuando estoy rodeado de gente.

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