Permanecieron sentados a los pies de la cama. Cuando él ya se levantaba para marcharse ella lo agarró de la mano y lo acercó para darse un abrazo.

– No te alejes de mi.
– Ven tú conmigo.

Y cerraron los ojos para estar siempre juntos.

Compartir en las redes sociales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *