Antes de dormir

A media noche, la luz anaranjada de la farola de la calle entraba por la habitación a través de los pequeños agujeros de la persiana. Tenían esa pequeña costumbre común de dormir con la persiana un poco subida, para no estar totalmente a oscuras. No era una costumbre muy habitual en la gente, por eso fue una sorpresa cuando él descubrió que ella también la tenía.

– ¿Estás despierta?- le preguntó.

Ella no respondió. Entonces se dio cuenta de lo absurdo que había sido su pregunta. Aunque estuviese despierta tampoco le hubiese respondido.

Cerró los ojos, la abrazó por la espalda, y se durmió.

 

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