La presa del pánico

Despertó bañado en sudor. Sobresaltado. Miró a su alrededor y solo vio oscuridad. Asustado, intentó ponerse de pie pero no fue capaz. Algo le impedía levantarse. Intentó girar sobre si mismo pero su cuerpo no reaccionaba. Presa del pánico, empezó a gritar. Pronto a los gritos les siguieron los llantos. Lloró asustado con toda su fuerza. Volvió a intentar girar su cuerpo para buscar alguna salida, pero no la encontró. Solo pudo quedarse quieto y gritar con todas sus fuerzas.

Una puerta se abrió y de entre la oscuridad surgió una figura humana. No fue capaz de reconocerla pero era su única esperanza para sobrevivir. Aún así, estaba tan asustado que no pudo dejar de gritar hasta que el humano se acercó a él. Era mucho más alto y mucho más fuerte. Tanto, que lo cogió por la cintura y lo levantó en el aire sin apenas esfuerzo. Él se dejó llevar, aun paralizado por el miedo. El gigante desconocido lo acercó a si mismo. Apretándolo contra su propio pecho. Allí, inmovilizado por el miedo, vio su rostro desde cerca y pudo reconocerlo. Volvió a la calma. Sabía quien era. Dejó de llorar y de gritar y empezó a sentirse seguro. Entonces, dijo su primera palabra:

– Papá.

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