Siguió caminando hasta el fondo del pasillo donde le esperaba otra puerta más. Al abrirla, entró en una habitación donde había tres puertas, una de cada color. La que estaba a sus espaldas, por la que acababa de entrar, desapareció misteriosamente.

Una voz sonó por toda la habitación:

Si a tu amada quieres encontrar, por la puerta correcta has de entrar.

No se lo pensó dos veces y atravesó la puerta central. Al fondo estaba su amada, tan hermosa como siempre. La encontró sentada en un sofá anaranjado. Se acercó corriendo y cuando estaba a punto de alcanzarla, desapareció ante sus ojos. La habitación empezó a girar en espiral y su amada desapareció en un instante. Él no podía controlar nada, se dedicaba a gritar y dejarse llevar por esa fuerza que no podía ver. Todo giraba cada vez más y más rápido y de fondo solo podía escuchar una risa burlesca. Pronto todo volvió a la calma. Ahora ya no estaba en una habitación, si no en el espacio exterior. Flotaba en la nada y solo le rodeaba el vacío.

– ¿Qué quieres que haga ahora?

Solo quiero que me entretengas, bufón.

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