Las ganas de llorar

Llora porque no tenía nada mejor que hacer. En aquella esquina pensó sobre lo que había hecho mal en su vida para llegar a este punto. Recordó (y lloró más por ello) que de pequeño soñaba con una vida feliz. Una vida donde no tenía que preocuparse del trabajo ni de los problemas, donde se llevaba bien con sus vecinos y podía disfrutar de su familia. Ahora llora porque su vida era todo lo contrario. No solo casi no pasaba tiempo con su familia si no que además en casa todo eran gritos y discusiones. Pudo elegir su destino y eligió mal.
Le gustaría volver a nacer, tener una segunda oportunidad. Y lo odiaba con todas sus ganas porque él siempre tuvo muy presente que nunca la tendría. Siempre intentó aprovechar sus oportunidades pero… ahora se dio cuenta de que las dejó pasar. ¡Maldita sea! ¡Justamente le tenía que pasar a él! No volvería a ser feliz en su vida. Le volvería a costar esbozar una sonrisa delante de sus padres. Esa es la vida a la que le llevaron sus decisiones y ahora no la acepta.

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