El pasillo de la soledad

El pasillo era muy largo. Demasiado. El suelo era de color azul y las paredes blancas con algunas manchas amarillas. El techo no lo veía muy bien, pero parecía también blanco. Empezó a caminar más bien despacio, mientras se adentraba por el pasillo intentando buscar por las paredes alguna puerta por la que salir, o alguna ventana por la que mirar el exterior.

Pero no encontró nada, y tan sólo pudo seguir caminando por el pasillo, mirando a su alrededor. Empezó a saludar buscando una respuesta, pero sólo su propia voz tuvo el valor de responderle, aunque fuera en forma de eco. Gritó cada vez más, al mismo tiempo que aceleraba su paso, buscando la respuesta de una voz humana, o una salida de ese túnel agónico. Algunas de las de luces del techo parpadeaban para intentar confundirle aun más. Empezó a dudar si estaba avanzando o era el suelo que se movía bajo sus pies.

Una sombra le pareció ver en la distancia, y empezó a llamarla para que no se escapara. Corrió en su dirección (realmente sólo podía correr en esa dirección y en la contraria) y se fue acercando hasta que se dio cuenta de que la sombra cobraba la forma de una persona conocida. La llamó por su nombre sin dejar de correr, hasta que la alcanzó y se puso a su lado.

– ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estamos? ¿Qué es todo esto? Eh… ¿Me oyes?

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3 Thoughts.

  1. Ni en toda la soledad del mundo. Ni con todas nuestras fuerzas. Ni con toda nuestra voz. Ni con todas nuestras ganas. Algunas personas nunca nos entenderán.

  2. Hola anónimo.Puede ser por tantas cosas… Aunque a lo mejor es, como tu dices, un problema de intenciones. También puede ser un problema de incompatibilidad.

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