Aunque en las calles ya no quedaban farolas, derretidas por el calor abrasante que sacudía la ciudad desde hacía semanas, no era excusa para que Xoan no bailara en calzoncillos en el salón de su casa al ritmo de uno de sus rock’n’roll preferidos.

Quizás por haberlo escuchado un centenar de veces, notó que había un sonido que sobraba, y bajó el volumen para darse cuenta de que el teléfono sonaba nervioso en medio del pasillo. Corrió sin dejar de bailar (ahora al son del ring ring del teléfono) antes de que colgasen.
– ¿Si?
– Xoan… – La persona al otro lado estaba llorando, apenas fue capaz de pronunciar el nombre.
– Eres.. tu.. ¿Qué ocurre? ¿Qué pasó? – Xoan se puso serio porque sabía que si ella le llamaba, era porque había algo por lo que preocuparse.
– Te echo de menos… ¿Quieres volver conmigo? – Las dos frases tuvieron una pausa por el medio en el que ella aprovechó para coger aire y quizás, también, para secarse las lágrimas.
– Claro, claro que quiero volver. Claro que sí. Lo estoy deseando. – No tuvo miedo a que su exceso de efusividad lo echara todo a perder. Quería volver a casa.

Quedaron para verse esa misma noche, y colgaron. Xoan se sintión feliz, se sintió, por fin, él mismo otra vez. Cuando volvió al salón, su teléfono móvil también saltaba de alegría igual que él. Lo recogió para leer el mensaje recién recibido.

Dos meses juntos, pero soy feliz contigo. Nos vemos más tarde. Besos.

Xoan tenía un problema.

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