– ¿Es cierto eso que dicen?
– ¿A qué te refieres?
– La gente dice que te vas a marchar.
– Qué sabrán ellos.
– ¿Pero es verdad?
– ¿Por qué te interesa tanto si me voy o me quedo?
– Sólo es curiosidad. No tengo ningún interés.
– Pues sí, me voy. Mañana por la mañana sale mi tren.
– Entonces… ¿esta es tu última noche aquí?

Ya no escuchó la respuesta. Era obvia. Por su mente sólo pasaban los recuerdos de todas aquellas veces que quiso confesarle sus sentimientos y no lo hizo, porque siempre habría “otra oportunidad” para hacerlo. Ya no habría más. Se preguntaba si no haberle dicho lo que sentía era uno de los motivos por los que se marchaba.

Pasó el resto de su vida arrepintiéndose de haber dejado pasar aquella oportunidad. Nunca más se volvieron a ver, pero cada vez que caía la noche recordaba lo que había dejado de vivir, y lloraba.

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