Él era el último. Ya no había más.
Los últimos siglos de guerra continua entre los humanos, por el poder y el dinero, desencadenaron una sucesión de batallas crueles. Las bombas tecnológicas y bioquímicas han ido acabando con todo ser viviente en la Tierra.
Y ya no quedaba nada más. Su último enemigo acababa de morir. Ya no habría más persecuciones entre los dos a través de lo que otrora fue una gran ciudad. Ya era el único ser viviente sobre la Tierra.
– ¿Y ahora?- Se preguntó mirando al horizonte. Sólo podía ver como la ceguera humana había provocado su propia destrucción. La vuelta a la Edad de Piedra: sin ciudades, sin vehículos, sin alimentos, sin agua sin contaminar… sólo una pequeña reserva que guardaba bajo tierra. Estaba sólo. Todos habían muerto.

Pero sin posibilidad de reproducción, sin alimentos y sin recursos, se vio ausente de esperanzas, y lo comprendió.
Divisó la montaña más alta que aun quedaba en pie, y llegó hasta la cima. No eran más que un montón de piedras a unos 100 metros del suelo, donde descansaban inertes decenas de cadáveres humanos.

Sacó su bayoneta y firmó en el suelo: “Gané”. Después, saltó.

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