– Tenemos que matarlo.
– ¿Por qué?
– Porque es nuestra competencia. Si sigue así nos quitará el puesto. Tenemos que matarlo.
– Tenemos que esperar hasta el año que viene. Este ya hemos cubierto nuestro cupo de asesinatos.
– No, le pediremos a alguien que lo haga.
– ¿Y quién va a desperdiciar un asesinato de su cupo por nosotros?
– Habrá que buscar a alguien.

Salieron del bar, abrigados por sus gabardinas recién estrenadas. En la ciudad (el único núcleo de población que quedaba en todo el continente) hacía tiempo que las personas vivían bajo las leyes de la normalidad. Hace mucho tiempo atrás, debido al crecimiento imparable de los asesinatos y para evitar la superpoblación de las cárceles, se había permitido a las personas cometer un máximo de 3 asesinatos anuales. La sociedad lo aceptó, porque para muchos no suponía más que la legalización de lo que ya hacían. Los crímenes seguían aumentando, pero los gastos carcelarios eran mucho más inferiores para el Gobierno.
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