Un perro en la carretera. Una flor sin nadie que la riegue. Un gato sin que nadie le dé cariño. Una lluvia sin arco iris. Un teléfono que nadie descuelga. Un cuadro que nadie mira. Las piezas de un puzzle que nadie quiere unir. Un instrumento que nadie toca. Una luz que nadie enciende. Una mochila sin vagabundo. Una ventana por la que no pasa la luz. Una playa sin arena. Una montaña sin un río. Una madre sin hijos. Unos cordones sin zapatos. Una ciudad sin ciudadanos. Un árbol que no da sombra. Un cajón que no se abre. Un televisor que no sintoniza. Un marco sin foto. Una tienda que siempre está cerrada. Un cumpleaños sin regalo. Un concierto sin público. Un coche sin carretera. Una borrachera sin resaca. Una cerveza sin un motivo. Una película sin actores. Una farola apagada. Una caja de cartón sin un sinhogar. Unas navidades sin familia. Un tenedor sin cuchillo. Un mando sin pilas. Una alfombra sin suelo donde caerse. Una portería sin redes. Una vela sin fuego. Una Harley sin una historia. Una brocha sin pintura. Una carrera sin meta. Una carta sin buzón. Una cita sin una canción. Un despertador sin una habitación. Un ruido que nadie escucha. Una oscuridad que nadie ve. 

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