De noche, ya entrada la madrugada, el portal se convirtió en un espacio de luces naranjas y azules, provenientes de la calle. Hablamos para calentar la despedida, intentando cubrir con palabras el hielo que cohibía nuestros movimientos.

Cuando me dijiste adios comprendí que sería la última vez que nos veríamos. Te marchaste sin mirar atrás, hacia donde yo me quedé clavado, aprovechando los últimos instantes en que te podía ver para no olvidarme nunca de tí.

Nunca más volví a tener noticias tuyas. Desapareciste como un sueño al despertar. Y ahora dudo si todo fue verdad.

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