Xoan recorría las calles de la ciudad protegiéndose como podía de los meteoritos que le caían encima. Era la última que quedaba por evacuar y él era el encargado de asegurarse de ser la última persona en abandonarlo. La metrópolis estaba ya casi destruída. El meteorito estaba despidiendo miles de meteoritos lanzaderas que habían destruído ya casi toda elaboración del hombre en la superficie.

La Tierra estaba viviendo las últimas horas de su existencia, en un final provocado por la aproximación de un cometa que impactaría contra ella en menos de cinco horas. Todas las metrópolis estuvieron evacuando a sus habitantes en las naves de evacuación de emergencia, hacia los planetas habitables más cercanos. Posiblemente, familias enteras se verían destinadas a planetas diferentes con lo cual nunca se volverían a ver.

Después de dos días recorriendo toda la ciudad (lo que quedaba de ella) su detector de calor ya no daba señales de nada vivo. Se dirigió hacia el cobertizo de la nave, donde todos sus compañeros le esperaban ya para partir y abandonar la Tierra.

Por el visor de la nave, Xoan pudo ver como se destruía su hogar. Bajo sus ojos veía millones de años de historias: desde los dinosaurios, el Imperio Romano, Hitler, Guerras Nucleares, hasta las historias más íntimas de miles de millones de personas.
Ahora, la humanidad debía colonizar nuevos planetas, y empezar una historia de la humanidad desde cero. Se terminaron las pruebas, ahora no podían volver a fallar.

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