Jonás

La noche llegó sin que ninguno de los dos se diera cuenta. La cena, aún a medio terminar, había consistido en una larga conversación, muchas risas, muchas anécdotas (alguna inventada) y una comida en un segundo plano que seguramente ninguno de los dos recordaría.

En aquella azotea, desde donde se podía ver todo el barrio, fue donde comenzó aquella fiesta en la que se habían conocido hace ahora 12 años. Aún no se habían dado cuenta pero dentro de poco empezarían a recordar todo lo que han cambiado sus vidas en estos años. Después de la primera fiesta siguieron otras muchas más. Pero eso fue hace muchos años. Ahora aquella terraza, reconvertida casi en un jardín por la innumerable cantidad de macetas y flores, descansaba ya de la música y la gente. Él decían que se había jubilado. Que ahora cuidaba de las flores y miraba las obras de la ciudad.

– ¿Y entonces no hay nadie en tu corazón?- Dijo ella mirándole al pecho.
– Quien está en mi corazón, está ahora también esta azotea conmigo.

La cena terminó y llegaron las copas. Apoyados sobre la barandilla divisaron todo el barrio. Ese barrio en el que los dos nacieron pero no se conocieron hasta mucho después de dejar el instituto. El destino los había apartado haciéndoles esperar el mejor momento para que se conocieran. Las estrellas se encendieron en el cielo y las calles se iluminaron artificialmente. Hablaron sobre el espacio, las estrellas, el sol, los planetas, su casa, su futuro…

El timbre sonó.

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