El soñador

Cuando era niño le gustaba jugar en un solar vacío que había cerca de su casa. Juntaba un montón de balones y simulaba una galaxia con la ayuda de más piedras. Siempre le encantaba imaginarse las órbitas, choques entre planetas, nuevos seres vivos con formas de latas y botellas…

Sus padres le regalaron su primer telescopio cuando tenía siete años. Ver Marte desde la ventana de su habitación con esa claridad le pareció algo increíble. Algo que no hizo más que aumentar sus ganas de ir allí algún día.

En la Agencia Espacial pudo volar al espacio. No había tanta oscuridad como había pensado. Ni si quiera tanto silencio. Siempre alguna máquina, algún ordenador o el propio sistema de soporte vital de su traje hacía demasiado ruido. Tardó tiempo en acostumbrarse y en intentar omitirlo. Cuando era pequeño siempre se imaginaba los misterios y tipos de vida que aun estaban ocultas más allá de las estrellas conocidas. Qué nuevos elementos estarían aún pendientes de descubrirse. Con el paso de los años, los nuevos estudios, la ciencia más avanzada… sabía que no había nada más allá que no se hubiese visto antes. Por eso estaba en parte decepcionado pero aun convencido de que él podría descubrir algo nuevo. Era cierto que el negro del espacio y la ausencia de un horizonte siempre motivaba a la imaginación a la hora de desear que en algún lugar aun hubiese algo oculto a los ojos del hombre y sus máquinas.

Recordó la primera vez que cumplió su sueño de pisar Marte. La colonia terrestre ya llevaba años asentada. Los primeros nacidos en Marte ya eran casi unos adolescentes, y mucho más altos que cualquier habitante de la Tierra. Era claro que con una gravedad menos fuerte sus huesos y músculos pudieron desarrollarse con mucha facilidad. Y allí el alimento no era un problema gracias a las granjas artificiales. Aun era una incógnita lo que pasaría con ellos en el futuro. Su altura superdesarrollada era un bien muy deseado en la Tierra.

La primera vez que una persona sale de la Tierra es marcada con un implante que le dura toda la vida. Es un pasaporte vital. Controlado digitalmente podían saber en qué lugar de la base marciana te encontrabas. La superbase era la unión de cuatro bases de 50km cuadrados cada uno. Vivienda, alimentación, defensa y laboratorios. Sin posibilidad de ir de uno a otro sin autorización. Y mucho menos salir al exterior. Tan sólo la base de laboratorios tenía una salida para los científicos que necesitaban salir a recoger muestras y acceso a las granjas. Aun así, era una zona acotada. Sintió que su sueño ya estaba cumplido y fue a por otro más lejano: quería explorar el Universo. Se alistó en el ejército como explorador.

Durante los siguientes años fueron sucediéndose los ascensos en su carrera militar. Llegó a convertirse en un explorador de primer nivel. Su propia cosmonave para moverse por la galaxia a su antojo, bajo su propia responsabilidad, sin límites para explorar más allá de donde quisiera. Ese trabajo le permitió seguir cumpliendo sus sueños. Viajar hasta los lugares más recónditos recogiendo nuevos datos sobre la creación del Universo.

Pero llegó un día en que eso también le supo a poco. Exploró todo lo que estaba a su alcance. Pero aun no estaba satisfecho. Necesitaba sentirse parte de las estrellas. Parte de la galaxia. Programó su cosmonave en piloto automático para volver a Marte y salió por la escotilla sin más protección que su propio traje espacial.

Llevaba ya casi 10 horas flotando en el espacio. Por fin pudo sentir qué era el Universo. Se sintió parte de él. Movió las manos y dejó que fluyese entre sus dedos. Sintió el vacío espacial como una brisa marina golpeando su cara en verano.

Sus padres aparecieron ante él en una visión que se difuminaba con las estrellas. Estaban de espaldas, apoyados en el marco de la puerta de su habitación, viendo como él mismo con siete años descubría Marte por primera vez a través del telescopio. Se abrazaron y la visión desapareció. Lloró de felicidad mientras su cuerpo empezaba a girar sobre si mismo y un gran planeta lo atraía irremediablemente hacia su destino final.

Pronto sería parte del Universo para siempre.

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