El chico en la playa

El chico, acostado en la orilla, dejaba que las olas del mar jugasen a mojarle mientras permanecía acostado sobre la arena; aún levemente húmeda por la marea que, poco a poco, abandonaba por unas horas las cotas más altas de la playa.

El cielo, lo único que veía, permanecía azul hasta donde la vista le alcanzaba, que no era mucho. Apenas, de vez en cuando, alguna gaviota despistada rompía el monocromático cielo.

Con su mano derecha jugaba a rascar la arena. Casi sin hacer ningún esfuerzo lograba encontrar agua. Mientras tanto, la izquierda permanecía inmóvil, tostándose al sol descansando sobre el vientre, en estado de reposo despreocupada de las aventuras de su hermana diestra.

El chico rompió sus pensamientos cuando escuchó una voz que le llamaba. Era ella. Finalmente lo había encontrado. Apareció encima de su cabeza, como un eclipse, haciendo inevitable mirarla a los ojos.

– ¿Dónde estabas? ¡Llevo toda la marea buscándote!
– Pues no me he movido de aquí.
– Vámonos. Pronto llegará la gente.

El chico se alzó y la siguió hasta el interior del mar. Se sumergieron y nadaron hasta su hogar, en la profundidad del mar.

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