Sentirse sólo

La lluvia no cesó durante toda la noche. El viento gélido se le metía por todos los huecos que su ropa no tababa. Casi podía sentir cómo le llegaba hasta los huesos. Estaba sentado en una escalera de la calle. Sin ganas ni de impedir que la gotas de lluvia llegasen hasta la espalda a través de su cuello. En el cielo la luz de un trueno iluminó sus pies, en un charco de agua hasta los tobillos.

Se sintió triste, arruinado. Ahora ya estaba sólo.

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