Aunque no era la primera vez que lo hacía en esta ocasión había algo que no le gustaba del todo. Simplemente algo no cuadraba. A su lado una persona desconocida mantenía los ojos cerrados. Entonces entró en pánico. El miedo le invadió desde el interior.

 Se levantó de cama, se vistió y se marchó a su casa.

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La oscuridad era total. Sin embargo lograron encontrarse a la primera. Sus dedos se entrelazaron para formar una sola mano. Caliente, cercana. Desde ahí no le fue difícil llegar a tocar su cara.
– Aquí estás. – Le dijo.
– Nunca me fui.
Se dieron un beso de los que dicen te quiero. Era increíble estar con ella. La había echado tanto de menos.. 
– Señor Martinez, es su turno venga por aquí.
– María, espérame aquí. Volveré pronto.- Se puso en pie y acompañó a la enfermera.
– Tenga ciudado, aquí hay un escalón. Muy bien.. agárreme bien el brazo. Ahora vamos a ir recto y enseguida giramos por aquí a la derecha… Muy bien. Tranquilo, yo le aviso si hay algo para que no tropiece.

María nunca supo a donde había ido con aquella enfermera. La verdad es que nunca más lo volvió a ver. O quizás si pero simplemente estaba demasiado mayor como para acordarse de su cara.
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