Con 4 años

Cogió aire, sintiendo como entraba la luz en su cuerpo y llenaba cada parte de su interior. El Universo en el que se encontraba se convirtió en un gran pasillo lleno de puertas. Empezó a caminar y se fijó en que cada puerta tenía encima un número. Se detuvo ante la puerta con el número 4 y la atravesó.

Dentro se encontró una habitación casi vacía. En el centro, un niño de 4 años jugaba con un coche. No había nadie más cuidando de él. Simplemente solo en una habitación, sentado en el suelo, con un coche en la mano deslizándolo adelante y atrás.

– Hola, ¿quién eres?- le preguntó al niño.
– Soy tu con 4 años.
– ¿Y qué haces aquí?
– Estoy jugando con un coche.
– ¿Por qué juegas solo? ¿No prefieres estar con amigos?
– No, solo estoy mejor. Tengo más libertad para hacer lo que quiera.
– Dime, ¿qué te gustaría ser de mayor?
– Escritor.
– ¿Te gusta escribir?
– Si, inventarme historias me hace feliz.
– He de irme. Gracias por hablar conmigo. Si cuando seas mayor quieres escribir, hazlo, no dejes de hacerlo. Si no haces lo que deseas y eres feliz tendrás muchos problemas de salud. ¿Lo harás?
– Ahá.- El niño contestó sin dejar de mirar el coche con el que estaba jugando.

Salió de la habitación y cerró la puerta. El pasillo desapareció y volvió a flotar en el Universo. Rodeado de estrellas sintió otra vez la luz entrando en su cuerpo y llegando a cada músculo después de cada exhalación. Después, despertó.

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Tener miedo al miedo

Cuando Xurxo se miró las manos pensó en lo terrorífico que es tener miedo. El miedo a tener miedo. Pensó en cada una de las veces que dejó de hacer algo por miedo a que alguien se lo reprochara, o por miedo al fracaso. 

– ¡Cuántas oportunidades perdidas!- Pensó. – A partir de ahora dejaré de tener miedo.

Se limpió las manos de la tierra y observó tranquilo lo poco que quedaba del agujero en la tierra.

– ¡Ya no podrás volver a darme miedo!

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