Amistades duraderas

Iba por el mismo camino de siempre, hacia su trabajo. Esa gran avenida, ancha, llena de carriles, con mucho tráfico en la carretera pero poca gente caminando por sus grandes aceras. Pensaba en sus cosas, en el trabajo, en las pocas ganas que tenía de ir, y las muchas que tenía de volver a casa. Lo de siempre. 
A lo lejos vio a Carlos caminando hacia él. Se sorprendió porque hacía muchos años que no lo veía. Lo imaginaba fuera de la ciudad, buscándose la vida en otro país, posiblemente Argentina o Brasil, donde él tenía familia.

Carlos era un amigo suyo de la infancia. Hicieron juntos los primeros años del colegio, hasta el instituto. Y siempre se sentaban juntos, haciendo los mismos chistes, colgando clase juntos, siempre en el mismo equipo en las clases de gimnasia… Eran los mejores amigos.
No solo en clase, también fuera. Cuando llegaban los sábados siempre se llamaban para ir juntos a jugar al fútbol en el patio. Ese patio de forma poliédrica cuyas porterías nunca tuvieron red. Se pasaban allí todo el fin de semana, jungando contra chicos mucho mayores que ellos.
Después entraron en el instituto, se hicieron mayores y las quedadas para jugar al fútbol dieron paso a quedar para salir por la noche. Sus primeras borracheras, las primeras novias… aquello afianzaba más su amistad.

Al terminar el instituto cada uno se fue por su lado. Carlos se fue a la universidad, donde hizo nuevos amigos, y él encontró trabajo en una empresa de la misma ciudad. Dejaron de lllamarse, de verse por las noches y con el tiempo perdieron el contacto. No hubo un día de despedida, si no que, cuando si quisieron dar cuenta, ya no tenían relación.
Aquello fue ya hace mucho tiempo, y en unos segundos se volverían a encontrar en la misma acera. Le preguntaría por su madre, por su familia, sus novias, su trabajo… le alegraría saber de él. Cuando aun estaba pensando en sus preguntas, ya lo tenía frente  a él.

– Hola Carl…

Carlos apartó la mirada. Primero la bajó al suelo y después al frente. Siguió su camino y ni si quiera se detuvo. 
Entendió que ya había quedado en el pasado. Que hubo una amistad pero el tiempo la consumió y ahora solo eran dos desconocidos más de la misma ciudad.
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