El peligro de quererla

Él corría peligro, porque estaba profundamente enamorado de ella. Y no hay nadie que te pueda hacer más daño que esa persona a la que amas. La deseaba por encima de todo, hasta el punto de que era lo único que amaba en el mundo. Estar con ella. Sentir su calor. Esconder su cabeza bajo su jersey. Sentir su susurro.
Un día cuando llegó a casa ella ya no estaba. Dejó pasar las horas y comprendió, varios días después, que ya no volvería. Ni ella. Ni su calor. Ni su jersey. Ni su susurro. Dio vueltas a su cabeza durante días intentando comprender qué había pasado pero no encontró su error.
Así que ya solo le quedaban sus recuerdos. Y no volvió a salir de casa nunca más, para no perderlos.
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