El tiempo y los recuerdos

La echaba de menos. Mucho. Soñaba con ella cada noche y cada día. Siempre que cerraba los ojos, aunque fuera un segundo, podía verla. Y sus sentimientos empeoraban porque cada vez su cara era más difuminada y su cuerpo más irreconocible. La estaba olvidando y no podía evitarlo. Necesitaba volver a ver su sonrisa, sus ojos y sus manos. Necesitaba volver a escuchar su voz, hace tiempo ya olvidada.

Buscó aquel árbol donde hace más de diez años tallaron sus nombres y una fecha, pero el mismo árbol ya los había borrado. Fue a la tienda donde ella solía trabajar y cada vez que pasaba miraba en su interior buscándola entre la gente, pero nunca la encontró. El tiempo se había llevado su recuerdo y ahora ya no existía.

Cuando llegó a casa ella estaba allí, en la cocina, donde casi siempre estaba. Él la vio, pero no la reconoció. Ya no era la chica de la sonrisa eterna, de la mirada dulce y manos suaves. Desapareció con los años comida por la monotonía y la infelicidad.

Siguieron pasando los años y él siguió buscando refrescar sus recuerdos.  Visitaba cada día el mismo árbol y la misma tienda, pero nunca la volvió a ver.
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