Siempre juntos

Habían pasado todo el día juntos, y ahora les tocaba despedirse. Y como hacían casi siempre que se despedían, lo hacían al pie del portal entre besos y una última charla. Ella, al ser de natural más baja, aprovechaba para subirse al peldaño de la entrada del portal y así ponerse a su misma altura. A él le gustaba que hiciera eso, a fin de cuentas estaban enamorados.



– Bueno, otro día más juntos. No sé cómo darte las gracias por estar conmigo. – Él le cogió las manos y se las acarició con el pulgar formando corazones.


– Boh.. no seas tonto… No me tienes que dar las gracias.. Me gusta estar contigo.- Era uno de esos momentos en los que ella se daba cuenta de que estaba siendo cursi, pero disfrutaba siéndolo porque afianzaba más el enamoramiento que había entre ellos.



Él, que no había dejado de mirarla a los ojos mientras hablaba, le soltó las manos y la abrazó por la nuca para darle un beso de despedida. Mientras la besaba, con la mano paseaba suavemente por el cuello para hacerle cosquillas y subirle la emoción del momento.



– Me encantan tus besos de despedida. – Dijo ella sonriendo.
– Pues ojalá no te los tuviera que dar nunca.




Cuando él llegó a su casa sintió que le faltaba algo. Era esa necesidad de estar con una persona. Tenía claro que se había enamorado de ella pero también sentía que necesitaba dar un paso más con ella. Decidió que la próxima vez que estuviera con ella le propondría irse a vivir juntos.
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Carta para David

David,


ni si quiera puedo empezar esta carta con un “querido David” porque me he propuesto que sea sincera.
Aunque han pasado bastantes años desde la última vez que nos vimos, siento que ahora es el momento de dirigirme a ti para decirte lo que no tenía valor de decirte cuando éramos pequeños. Si crees que se trata de algo personal estás en lo cierto. Si también crees que es una muestra de rencor, también aciertas. Pero la verdad es que a estas alturas ya me importa poco lo que pienses.
Durante años aprovechaste cada uno de mis defectos para ponerme en ridículo delante de los compañeros de clase. Te reías de mí por mi ortodoncia, por cada vez que se me caía un lápiz, o por la ropa que llevaba puesta. Algo ridículo. Aunque quizás normal para la edad que teníamos.


Solo quería decirte que todo aquello que me decías me hacía daño entonces, y me hace daño cuando lo recuerdo. Ojalá pudiera decir que me sirvió para hacerme más fuerte y para saber como afrontar mis miedos pero la verdad es que solo me sirvió para generar más rencor y odio.


Solo quería que supieras que tu eres el culpable.

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Verdad o mentira

Un día le dije que no podía volver a verla. Entonces desapareció para siempre. No volví a leer ninguna de sus cartas. Ni ninguna de sus publicaciones. Tampoco me la encontré nunca más por la calle. Ni he visto un sms suyo. A veces prefiero pensar que realmente nunca existió y solo fue una imaginación que tuve. Creo que es mejor así que pensar que realmente hubo un día en que le dije que no podía volver a verla.

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– ¿De qué te ríes?
– De tí.


Él se puso en pie. Se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa.

– Coge tu ropa y vístete, nos vamos.
– ¿Por?
– Porque ya es tarde.


Ella se quedó un poco más en cama, pero cuando se dio cuenta de que él ya estaba en la entrada listo para salir, empezó a vestirse.
No se miraron a la cara, no se dieron las manos cuando caminaban por la calle. No cantaron juntos las canciones de la radio en el coche.
Al despedirse, en el portal de ella, solo un beso para no volver a verse.




Abrió los ojos. Se despertó, estaba en su cama, tumbado sobre su novia, que reía como una niña de 15 años.

– ¿De qué te ríes?
– De tí.


Se agachó, y le calló las risas con un beso.
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