La Princesa que perdí

El niño jugaba con alegría en el campo que había detrás de su casa. Había encontrado unos palos que su padrí dejó ahí después de arreglar la finca, y con ellos se entretenía lanzándolos lo más lejos que podía.


Carol, su vecina, se asomó por uno de los portales que dejaban entrar al campo donde estaba el niño. Sin hacer mucho ruido, pero procurándose que le viera bien, se acercó hasta él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca le susurró al oído:


– Tuviste tu Princesa, y la perdiste…


El niño sonrió. Pasó su mano por el rostro de Carol apartándole parte de la melena que le tapaba los ojos, y le devolvió el susurro:


– No la perdí, ahora es mi Reina.


Carol se quedó para seguir jugando con el niño.

Compartir en las redes sociales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *