La habitación

Cuando Xoán despertó, estaba sentado con la espalda apoyada en una pared. La habitación era totalmente cuadrada, con cada pared pintada de un color diferente. Rojo, verde, azul y amarillo. Aunque a Xoán no le parecía familiar, tampoco se sobresaltó por no saber dónde se encontraba.


Se levantó poco a poco e investigó la habitación. Sobre la pared roja, había una mesa escritorio y una pizarra. Sobre la pared verde, un cuadro de un campo. Sobre la pared azul un aseo completo, incluida la ducha. Sobre la pared amarilla, una cama.
Se acercó hasta la pared azul para comprobar si el aseo disponía de agua, y así era. La cama parecía cómoda. Solo lo parecía; no lo era.
Por alguna razón alguien o algo lo había llevado hasta aquella habitación. Para él no era más que una prueba de superación el lograr salir de allí. Pero se asustó cuando, después de varias horas, se dio cuenta de que si había una cama y un aseo era porque tenían pensado dejarlo allí mucho tiempo. Pero se asustó más todavía cuando se dio cuenta de que no había ni una sola ventana, ni una puerta, ni una salida.
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