Por qué

Xoan y Sandra descansaban tumbados encima de la cama. Inconscientemente abrazados, por costumbre en una forma que ya habían adoptado como natural cuando los dos estaban acostados juntos. Sandra ya descansaba dormida. Xoan perdía su mirada en el techo. Se acercó más a Sandra para darle un beso en la frente, peinarla el pelo que le cubría la cara y despertarla lo más despacio que podía.

– Tienes que despertar. Es hora de irnos.
Sandra abrió los ojos lentamente, viendo el cuello de Xoan y abrazándolo de nuevo.
– Quiero pasar el resto de mi vida contigo.
– Yo también.-  Xoan se pausó durante unos segundos.- Pero no sé cómo se hace.
– ¿No sabes hacer el qué?
– Convivir contigo.
– Eso no se sabe. Se aprende. Se aprende durante toda la vida. Ni aunque llevásemos cincuenta años juntos sabrías cómo se hace, aun seguiríamos aprendiendo.- Sandra hablaba despacio, como habla uno cuando se acaba de despertar.
– ¿Te gustaría vivir cincuenta años seguidos conmigo?
Sandra le soltó el cuello y descansó la cabeza sobre su pecho.
– Me gustaría que toda mi vida fuera contigo.
Xoan volvió a recordar porqué se había enamorado de ella.
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