Los últimos

Nunca me gustaron demasiado los paseos espaciales. La sensación es como si el Universo se hubiese averiado y tuviese que salir afuera para repararlo. Observar a lo lejos nuestra Tierra y pensar que allí las personas están luchando en guerras, muriéndose de hambre… o simplemente reflexionar sobre toda la historia que aconteció en aquel mundo azul. Me parecía increíble. Y yo aquí, tan lejos de ella.

Aunque ahora toda mi concentración estaba puesta en la máquina que tenía delante. Era nuestro medio de transporte para volver a la Tierra, y no lo podríamos hacer si no reparábamos a tiempo nuestro sistema de condensación del aire. Por suerte, era fácil y en un par de horas ya había reparado la avería. Solo me llevaría cinco minutos más volver a ensamblar el sistema.
Echando una última visión a la Tierra, pude ver algo que me sobrecogió. Se trataba de un pequeño y miserable punto gris que había surgido en algún lugar, que no acerté a adivinar cual. Supuse que se trataría de alguna tormenta, un huracán, o algo parecido, pero eran puntos grises independientes, sin nubes a su alrededor, lo que excluía cualquier posibilidad de una tormenta.
Durante los próximos minutos más puntos grises aparecieron por la superficie terrestre. Se alternaban sin ningún tipo de orden aparente saltando de un lado a otro. Pronto, casi toda la Tierra que podía ver desde allí estaba cubierta por puntos grises. Las nubes que había antes habían desaparecido y ahora solo existían áreas cubiertas de gris.
Cerré el ensamblaje lo más rápido que pude e inicié las maniobras para volver al interior de la nave.
La otra tripulante de la nave, la rusa Zvianna Maskovaski, se encontraba en la sala común realizando comprobaciones básicas.
– Zvianna, ¿has podido comunicarte con la Tierra en la última hora? – Aún no me había quitado totalmente el traje de exterior.
– No, la próxima comunicación programada no es hasta dentro de tres horas, ¿por qué lo preguntas?
– Intenta comunicarte ahora y diles que la reparación de hoy ha salido con éxito.

Zvianna se dirigió a la sala de comunicaciones. Allí la escuché intentando establecer comunicación con Tierra, algo que finalmente le fue imposible, y volvió hacia mi.
– No me contestan, ¿qué ha pasado?
– He visto que algo pasaba en la Tierra cuando estaba fuera. Creo que nos hemos quedado solos.
– ¿Cómo?
– Que hemos perdido nuestro hogar.
Compartir en las redes sociales

Por qué

Xoan y Sandra descansaban tumbados encima de la cama. Inconscientemente abrazados, por costumbre en una forma que ya habían adoptado como natural cuando los dos estaban acostados juntos. Sandra ya descansaba dormida. Xoan perdía su mirada en el techo. Se acercó más a Sandra para darle un beso en la frente, peinarla el pelo que le cubría la cara y despertarla lo más despacio que podía.

– Tienes que despertar. Es hora de irnos.
Sandra abrió los ojos lentamente, viendo el cuello de Xoan y abrazándolo de nuevo.
– Quiero pasar el resto de mi vida contigo.
– Yo también.-  Xoan se pausó durante unos segundos.- Pero no sé cómo se hace.
– ¿No sabes hacer el qué?
– Convivir contigo.
– Eso no se sabe. Se aprende. Se aprende durante toda la vida. Ni aunque llevásemos cincuenta años juntos sabrías cómo se hace, aun seguiríamos aprendiendo.- Sandra hablaba despacio, como habla uno cuando se acaba de despertar.
– ¿Te gustaría vivir cincuenta años seguidos conmigo?
Sandra le soltó el cuello y descansó la cabeza sobre su pecho.
– Me gustaría que toda mi vida fuera contigo.
Xoan volvió a recordar porqué se había enamorado de ella.
Compartir en las redes sociales