Llorando

– ¿A dónde quieres que te lleve?
– Llévame a mi casa.
– Lo digo por si querías ir a tomar algo… o una cosa así.
– No.. Es tarde. Mejor a casa.

Ella se dio cuenta de que quizás él no quería dejarla en su casa. Le miró a los ojos, quizás buscando alguna señal de tristeza, o un rostro serio.
Pero no encontró nada, porque él se había acostumbrado a que sus ojos llorasen para adentro.

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