Risas

– ¿De qué te ríes?
– De tí.

Él se puso en pie. Se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa.

– Coge tu ropa y vístete, nos vamos.
– ¿Por?
– Porque ya es tarde.

Ella se quedó un poco más en cama, pero cuando se dio cuenta de que él ya estaba en la entrada listo para salir, empezó a vestirse.
No se miraron a la cara, no se dieron las manos cuando caminaban por la calle. No cantaron juntos las canciones de la radio en el coche.
Al despedirse, en el portal de ella, solo un beso para no volver a verse.

Abrió los ojos. Se despertó, estaba en su cama, tumbado sobre su novia, que reía como una niña de 15 años.

– ¿De qué te ríes?
– De tí.

Se agachó, y le calló las risas con un beso.

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Llorando

– ¿A dónde quieres que te lleve?
– Llévame a mi casa.
– Lo digo por si querías ir a tomar algo… o una cosa así.
– No.. Es tarde. Mejor a casa.

Ella se dio cuenta de que quizás él no quería dejarla en su casa. Le miró a los ojos, quizás buscando alguna señal de tristeza, o un rostro serio.
Pero no encontró nada, porque él se había acostumbrado a que sus ojos llorasen para adentro.

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