Volviendo a casa

Ella caminaba a oscuras por un callejón. Él la perseguía, desde la distancia, asegurándose de hacer el suficiente ruido como para que ella le escuchara detrás suya. La Noche estaba jugando con ellos. Era de noche pero no lo parecía. Porque hacía calor, había luz y ninguno de los dos se había parado a mirar las estrellas.

Al llegar al final del callejón él se acercó por detrás y dio un último paso más largo antes de cogerla por la mano. Ella, que ya estaba impaciente por no haber llegado antes este momento, se dio la vuelta sin soltarle la mano y se apoyó en su pecho para llorar. Entonces la Noche se hizo de noche. La oscuridad los envolvió durante la eternidad de su abrazo para dejarles llorar, para dejarles hablar y volver a quererse.

Y al final, volvieron juntos sobre sus pasos. Volvieron al inicio del camino. Y la Noche se volvió a ir. Regresó la luz, el calor y la gente a su alrededor.

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