– No, tengo que irme ya, me están esperando abajo.
– ¡Ah! Te están esperando. Bueno, pensé que te quedarías a tomar algo.

Ella hizo como que no escuchó nada. Volvieron a la entrada y se despidieron en la puerta.

– Bueno, ya hablaremos. Te llamaré, bueno, hablamos, más adelante.
Ella se dio cuenta de que no sabía cómo terminar la frase. Él, la ayudó un poco.

– Sí, ya hablamos.

Ella se fue bajando las escaleras, de una forma tan segura de sí misma que a Él le hubiese dado miedo.
Se asomó a la ventana, pero fue incapaz de observar a nadie en la calle. Simplemente llegó a dudar de si aquello había sucedido realmente. Quizás, ella aun estuviera en el rellano de la escalera dudando si volver sobre sus pasos. O quizás, simplemente estuviera caminando pegada al edificio.

En la nevera le aguardaba otra cerveza. Se tomó una y volvió para cama, a inventarse su propia realidad.

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