– No te lo vas a creer.
– ¿Qué pasó?
– Hemos matado a otro.
– ¡Estupendo! ¿Vosotros solos? ¿Cómo lo habéis hecho?
– Pues, fue increíble. Lo teníamos delante, vino hacia nosotros, y de repente, se desplomó él sólo. Allí ante nuestros pies.
– ¿Él sólo? ¿Así sin más?
– Sin más.
– Vaya… sí que es raro… ¿Cuántos crees que nos quedan?
– Pocos, muy pocos ya.

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