La noche había llegado sin que nadie se diese cuenta. No era una hora habitual para encontrarse, lo que levantó las sospechas en él, que prefería seguir pensando que era porque algo estaba cambiando.

Él conducía sin saber para donde ir, cuando se dio cuenta de que estaba paseando por calles que nunca había visto. Parecía un pueblo, con calles pequeñas y sin nadie cerca. Por lo menos hasta donde la oscuridad debaja ver. El frío empujaba desde fuera del vehículo para poder entrar en el coche buscando un refugio de sí mismo.

Ella estaba sentada al lado, apenas había dicho algo desde que salieron.

Cuando el silencio invadía el interior del coche, él la escuchó sollozar. Se giró para verla con los ojos húmedos luchando contra sí misma para no llorar.

– ¿Qué te pasa?
– No quiero seguir con esto, quiero dejarlo.- Logró decir ella entre suspiros y lágrimas.

Él se dio cuenta de que lo que había estado pensando en todo este tiempo al final se hizo realidad. Detuvo el coche a un lado de la carretera.

– ¿Cómo que no quieres seguir?
– No, no me gusta. Quiero dejarlo… No te quiero.

Reanudó la marcha del coche dando media vuelta por donde habían venido. La oscuridad era como una niebla intensa y el frío quería seguir entrando en el coche. Ahora, además, empezó a llover.

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