El Sol torraba desde lo más alto del despejado cielo. Una carretera cruzaba el desierto de Oeste a Este. Y en medio de la carretera, una casa de tres pisos se alzaba elegante, de forma inesperada, rodeada de arena, tierra, y más arena. Y delante de la casa, un cadillac negro poco disimulado miraba directamente a la entrada. Y dentro del cadillac, dos hombres con gafas de sol esperaban cualquier novedad.

– ¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí esperando?
– Hasta que les veamos salir.
– Pero, mira a tu alrededor. No hay nada en 30 millas a la redonda. Ahí dentro tendrán un almacén entero lleno de alimentos. Podrían tardar meses en salir.
– Esperaremos.
– ¿Y de qué nos alimentaros? Yo estoy empezando a tener hambre.

Los dos se miraron. El hombre sentado en la posición del piloto era el más alto de los dos. Nunca sonreía. El otro, sin embargo, no dejaba de hablar.

– Pediremos una pizza.
– ¡Oh! Claro, estupendo. Le diremos que nos la traigan a la calle En medio del desierto, sin número. ¡No tiene pérdida!

El alto se movió en un rápido gesto y cogió a su compañero por el cuello del traje, acercando sus caras a apenas unos centímetros.

– Cállate, o el hambre no será tu mayor problema. Tenemos que vigilar esa casa.
– Vale, vale, no hay problema, ya tendrás hambre tu también. Vigilaremos la…. Vaya… será mejor que mires esto…

Los dos hombres volvieron a mirar al frente, y donde hace unos minutos estaba la casa de tres plantas, el desierto había reclamado su territorio. El hombre alto soltó el cuello de su compañero y se bajó del coche. Corriendo hasta el espacio abierto del desierto, comprobó que, sin más, la casa había desaparecido, volatilizado. Se frotó los ojos bajo sus gafas de sol.

– Esto no puede estar pasando.

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1 Thought.

  1. A veces nos parece tener delante de nuestras narices lo más hermoso del mundo. Creemos que es aquello por lo que hemos luchado y que hemos estado buscando.Al final descubrimos que no era más que polvo, tierra y arena.

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