– Te toca mover.
– Ya lo sé.
– Pues vamos, no tenemos todo el año.
– Calma, ¿vale? Yo voy a mi ritmo.
– Mueve una pieza ya, vamos… No podemos estar toda la vida esperando a que te decidas.
– Mira, no quiero equivocarme. Voy a pensarlo bien. Moveré una pieza cuando esté convencido de cual ha de ser.
– Pues tu verás… pero como tardes mucho más igual me levanto, me voy, y te quedas tú solo jugando.

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