Desde la Estación Espacial, la Tierra se veía como una mancha azul en una sábana negra. Los dos únicos ocupantes de la plataforma mantenían el rumbo de la nave persiguiendo la luz del Sol. La nave patinaba casi a la deriva.

– Tenemos que hacer una salida para reparar el generador. Es urgente, tenemos que hacerla ya.
– Pero no estamos preparados. No sabemos cómo hacerlo.
– Si nos quedamos esperando, pronto nos quedaremos sin opciones para controlar la nave. Perderemos la luz del Sol y nos congelaremos como esquimales. ¿Quieres eso? Pues prepárate, nos vamos de paseo.
Su voz era autoritaria. Pocas personas se atreverían a llevarle la contraria cuando empleaba ese tono.
– Está bien, avisaré a Tierra de que saldremos.

Ayudándose de las barras instaladas en las paredes de la nave, logró flotar hasta el centro de comunicaciones. Apretó unos diez botones del panel y por fin logró comunicarse con la Tierra.
– Tierra, al habla Estación Espacial KOE 55629. Preparamos paseo espacial para reparar generador. Tiempo estimado de la operación: 4 horas.
Esperó unos segundos, y repitió.
– Tierra, al habla Estación Espacial KOE 55629. Preparamos paseo espacial. Solicitamos autorización.

Sólo obtuvo silencio.

Compartir en las redes sociales

– Mmmm
– ….
– Oye…
– ¿Sí?
Se posó encima del pecho, para descansar sobre el abrazo.
– Me alegro de que estés aquí.
– No digas eso, no deberíamos habernos visto. Y menos estar así ahora.
– Olvídate de los demás, estamos sólos.
Miró a sus ojos.
– No, no lo estamos.
Se dio la vuelta desatando el abrazo, y se ocultó bajo las sábanas.

Compartir en las redes sociales

Miedo. Una sensación extraña. Psicológica. Mi imaginación manda sobre mí y mis sentidos se agudizan hasta un punto que jamás habías visto.
Percibo cualquier sonido, cualquier eco, una respiración, un paso, un mueble crujiendo, un objeto arrastrándose…. No sé si es delante mía, en la habitación de al lado, en el piso de un vecino, o en la calle.

Como el hombre que se transformaba en lobo con la luna llena, me doy cuenta de que aunque soy humano, también soy un animal. Mi instinto de supervivencia hace que si pudiera verme en un espejo, vería reflejado uno de esos animales de los documentales que se transforman para intimidar a su agresor.

Acurrucado en una esquina, respiro lo más despacio que puedo para hacer el mínimo ruído posible y no ser descubierto. No sé de quién, pero oigo ruidos. Echo de menos a alguien conocido.

Está oscuro. Estoy sólo. Y tengo miedo.

Compartir en las redes sociales