Yo no era de esas personas normales, que ven la basura de la televisión y tienen doscientos amigos con los que pueden quedar el fin de semana. Yo era muy mío, una persona solitaria, con amigos elegidos. Para mí la timidez era una enfermedad. Una de esas no muy reconocidas, pero sufridas igualmente: estrés, ansiedad, presión en el trabajo… pues la mía era la timidez.

No era una persona de muchas novias. Siempre soñaba con alguna pero entendía que yo no era el adecuado para ellas. Cuando era pequeño, las niñas escapaban de mí. No sé porqué. Había otros chicos, los típicos que hay en todos los colegios, que las traían de cabeza. Pero yo siempre era.. el que estorbaba, el que ahí no pintaba nada.
Eso podía haberse quedado ahí, pero creo que en mi desarrollo influyó de tal manera que cuando me hice mayor, me enamoraba de cualquiera chica que me hiciera un poco de caso. Caí en el sentimentalismo y me convertí en un muñeco movido por las mentiras y los engaños.

Cuando me hice mayor, seguía sólo. Y era feliz así. Sentí curiosidad por saber cómo sería mi vida si yo fuera otra persona.

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– ¿Crees que soy humano?
– No lo sé, tu estabas aquí antes que yo.
– Pero, ¿y si yo estuviese realmente enganchado a una máquina y todo lo que pasase delante de mis ojos no fuera más que una película que me inyectan a través del cerebro?
– Creeme, que yo soy bastante real.
– No creo que si alguien hubiese pre-programado esta conversación, hubiese dejado que dijeses otra cosa.
– No creo que si alguien pre-programase tus conversaciones, hubiese dejado que te hicieras esa pregunta.

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