El laberinto parecía mostrar una salida al exterior detrás de cada puerta. El grupo de jóvenes se aproximó a una pared donde había dos puertas, una a cada lado.
– ¿A dónde vamos?- Dijo uno.
– Vayamos por la derecha, creo que antes vinimos por aquí.- Dijo otro, y los demás le siguieron.

Al pasar la puerta llegaron a una esquina. El que iba primero, se asomó y vio a uno de esos zombies que deambulaban por los pasillos. ¿Quién los había puesto ahí? ¿Dónde estaban? Los zombies parecían inofensivos aunque su aspecto físico era bastante aterrador.

La isla estaba desierta, no era muy grande. A un lado, una playa. Al otro, unas rocas. En el medio, un gran puente que lleva a ninguna parte. Tres personas. Ella, en las rocas. Ellos, encima del puente; y la marea que subía.
– ¡Llama a tu madre! ¡Dile que venga a buscarnos!- Le gritaba uno de los chicos desde el puente, mientras observaba cómo la marea iba ocultando cada vez más rocas, dejándola a ella sin opciones para moverse.

Decidieron bajar del puente.

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La playa

Aquel día ya estaba llegando a su fin. La noche caía poco a poco sobre la fina arena de la playa, hoy un poco más fría de lo habitual. Xoan estaba tumbado casi en la orilla. Boca arriba y con los ojos cerrados dejándose llevar por el sonido del oleaje y el placer que produce una playa completamente deshabitada.

Hacía bastante años que había estado en aquella posición por primera vez y ahora le gustaba disfrutar recordando todo lo que ha cambiado en su vida desde aquel momento. Cuando era más joven todos sus pensamientos eran dudas sobre su presente y futuro. Qué tal le iría en el trabajo, qué tal le iría con su novia, con sus amigos… Hoy en día todas esas preguntas ya tenían respuestas. A Xoan le encantaba darse cuenta de cómo poco a poco se fue haciendo su vida y se reía al recordar cómo le amargaban las cosas que ahora vé que no tenían tanta importancia.

Cerró los ojos, escuchó las olas de mar, y soñó….

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Malditos

Por fin se iba a terminar el sufrimiento y las discusiones. Voy a dejar de discutir con vosotros y de daros problemas. Sis os quejais de mi existencia, no os preocupéis. Dejaré de existir. Se terminaron los problemas y las noches sin dormir.

Ni si quiera os voy a escribir una carta de despedida. No os la merecéis. Me habéis ganado. Durante años me habéis presionado para que fuera como vosotroso quereis que sea, y eso ha marcado mi destino hacia el suicidio. Malditos.

La horca ya está cercando mi cuello y la silla a punto de caerse. Sólo me balanceo un poco… y la silla se desplaza. Me ahogo. El oxígeno y la sangre se atoran y mi cuerpo se va quedando sin combustible. Es el fin. Viene la oscuridad y cierro los ojos. Me voy. Habéis ganado.

No. No os daré ese placer. Abro los ojos y me balanceo. Apoyo levemente mi pie sobre la mesa y el oxígeno y la sangre vuelven a pasar durante unos segundos antes que me vuelva a caer. El tirón es casi mortal. No me ganaréis. Me sigo balanceando hasta que me apoyo completamente en la mesa y me quito la cuerda del cuello. La noche es larga, y tengo mucho que demostrar.

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